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lunes, 16 de febrero de 2009

Planto que fizo Ulises denostando a la Muerte en memoria de su abuelo


Te extrañamos. Tras todas las hebras que has arrancado a las Parcas, para seguir labrando el hilo de tu sino, la Muerte vino a buscarte. Siempre fuiste testarudo, en esa voluntad inquebrantable de vivir, de decirle al cáncer (que te robó un pulmón) y a todas las enfermedades que enfrentaste, "¡que os jodan, sigo vivo!". Eras fuente de esas pequeñas historias, que no escriben el curso de la Historia, pero que marcan las raíces de cuantos hemos tenido la suerte de disfrutarte todos estos años, que no te pertenecían y que aún así transitaste con entereza. Recuerdo aquellos relatos de tu juventud, tu ardor en esas ideas políticas sui generis que nadie como tú albergaba, tu testarudez y los múltiples enfados que hacían gala de tu no siempre llevadero carácter. Tus nietos te recordamos enseñándonos a jugar a la ronda o cómo podías pasar horas echando solitarios en la mesa camilla. No olvidaré cómo mi pequeña guardó una carta tuya en su bolsillo y allí quedó todo tu funeral (puede que aún siga ahí). Parecía, para aquellos que te queríamos, que no ibas a faltarnos nunca, y sin embargo te has marchado. Cuando te quedaste en nuestra casa y yo era pequeño, dibujaba en tu escritorio, entonces aún no conocía las letras, acariciado por el sol de la ventana. Recuerdo las tardes de televisión contigo y esa antena, que a mí me parecía un artefacto de otro planeta. O esa vez en que había una gotera en tu cuarto, y en tu afán por no molestar, pusiste cubos bajo las chorreras que caían del techo. Esos días de infancia en que me despertaba cuando aún era de noche y me iba a seguir durmiendo un ratito contigo. Abuelo, tú viviste una vida desvencijada y rota, pero al menos la viviste, que no es poco. Llegó el 8 de febrero, y mi padre me llamó para comunicarme que nos habías abandonado sin avisarnos. Y raudo me dirigí a las tierras de mi crianza para pasar las últimas horas que tu cuerpo iba a estar con nosotros, en esa vorágine que te impide aceptar que la película, muda en blanco y negro, es cierta. Esos momentos en los que me reencontré con los ausentes, a los que nunca pensé ver de nuevo, y a aquellos otros, con los que al menos durante dos días decidí dejar renconres a un lado. Olvidar el pasado y abrir paso al futuro pactamos tu nieta y yo. "¡Ya está bien!", le dije yo con los ojos llorosos. Jamás olvidaré el llanto de mis hermanas. Como cubrí a mi pequeña con los brazos intentando ocultar con mi cuerpo eso que sólo se ve con el alma, cuando te falta un ser querido. O como la mayor lloraba, quizá pensando que tu futura nieta no podrá conocerte. Decidí pasar los últimos momentos velando tu cuerpo, antes de que te arrancaran de nuestras miradas definitivamente. Lloramos al ver que te convertías en pasto del horno crematorio. Y tus cenizas volvieron al lugar donde naciste, junto a un olivo que yo jamás había visitado. Es donde tú quisiste acabar.

Crudelísima y pérfida Muerte. Nos has arrancado nuestro vínculo con el pasado, con las raíces, con los rencores y con los viejos asuntos de la sangre. Ojalá pudiera reclamarte lo injusto de esta pérdida. Has pasado silenciosa segando con tu guadaña una vida tras ver que en el reloj se había agotado la arena. No avisaste, te limitaste a pasar esquiva, silenciosa, cobarde... como es propio de tu naturaleza. Eres tirana de las vidas humanas, haciendo equitativa recolección de cada una de ellas. "Ubi sunt qui ante nos fuere?" Dime tú, que eres testigo del devenir humano, ¿qué ha sido de las insignificantes vidas de quiénes lo significan todo para nosotros? No representamos nada en este mundo que no cesa de girar cuando sólo queda el recuerdo. El recuerdo de lo que hemos dado, de nuestras cuestionables victorias, de nuestras banales derrotas. Los naufragios de esta existencia, que recibimos sin haber decidido venir al mundo, quedan borrados a tu paso. Muerte impía, abstracción perjura, cuántos han sido testigos de tu mano y cuántos habremos de encontrarte algún día.

1 comentario:

Violeta dijo...

Sinceramente maravilloso, descarnado, real. Me haces llorar una vez pequeño Ulises. Te quiero