Hacía demasiado tiempo que no experimentaba tanta inseguridad, y con ella, aparejado el miedo a la falta de reciprocidad. Cuando el romanticismo muere en un colchón "desinflable", atravesado por el frío húmedo y la soledad, las pesadillas plagan la vigilia de desasosiego. Y llegas una vez más a la conclusión de que, mientras otros se divierten, nadie piensa en ti. Mi vida se reduce a billete al resto del mundo, sin que tú o tú me quieras.
En busca de Ítaca
sábado 11 de febrero de 2012
jueves 2 de febrero de 2012
Remendando asuntos pendientes
Es difícil de entender, visto desde el exterior, que pisoteemos nuestra dignidad y nuestro orgullo con quienes no lo merecen. Sin embargo, la experiencia me dice que estas dos contingencias no proporcionan alimento al alma. Así mismo, sé que me vuelvo a equivocar una vez más... pero necesito perdonarme, perdonarnos para poder continuar. Necesito demostrarme que puedo y sé ser razonable y ecuánime, equivocado cierto, pero libre de pensar con sentimientos viscerales. Voy a sufrir una vez más, pero no es cuestión de que no me quiera, sino de reencontrarme con el pasado, con las frustraciones y el miedo que lleva aparejados, para dejar paso al futuro... Con él o sin él, pero libre de culpas, errores y recriminaciones. Guardar dolor me ha estado haciendo cada vez más níveo inhumano... Necesito errar en los yerros pasados para encontrar un nuevo futuro...
sábado 28 de enero de 2012
Mis manos
Afirma el Islam, que el día del Juicio Final, las manos del hombre hablarán a Dios contando todas las cosas que ha hecho durante su vida. Mis manos hablan todo aquello a lo que no me atrevo a ponerle nombre durante la vida cotidiana. Ellas desmienten esos leves engaños, que me proporciono a mí mismo para seguir adelante cada día. Son desleales, haciendo partícipes de mis sentimientos más profundos a quienes quizá no lo merezcen. Y también, me acompañan en el camino de los cuerpos, en la caricia desenfadada, en el abrazo sincero... Mis manos, de palmas suaves, que nunca ciñeron espada pero que han empuñado innumerables veces la pluma, a fin de vencer la batalla al olvido, al desamor y la derrota; de la que tantas veces he vuelto instruido en la epifanía dolorosa de la verdad pétrea. Mis manos de tántalo y azucena que me hacen confesar lo inconfesable, que se crispan de dolor, que se hunden entre los pliegues de mi cuerpo para intentar reparar las heridas más profundas que puede experimentar el hombre. Pero no, no están hechas para el calor de los cuerpos, sólo para el sufrimiento de la azada y el frío ensordecedor de la mañana.
Etiquetas:
meditaciones
Salamanca
Granada, España
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